En un mundo que gira cada vez más rápido, a menudo podemos sentirnos agotados, confundidos y anhelar la paz. Pero esa paz puede no estar tan lejos como pensamos. No se esconde solo en templos y monasterios, ni debemos esperar un momento especial para sentarnos a meditar con los ojos cerrados. En realidad, esa paz se encuentra oculta en cada momento de nuestra vida.
Las enseñanzas de Ajahn Phuth Thaniyo, un Noble Anciano (ariya thera), señalan un camino sencillo para que descubramos esa paz por nosotros mismos. Él nos enseña a comprender que la Concentración (samādhi) no es simplemente una cuestión de sentarse con los ojos cerrados, sino de tener "Atención Plena" (sati), o una conciencia total y presente en cada acción. Ya sea que estemos de pie, caminando, sentados, acostados, comiendo, hablando o incluso pensando, la práctica de mantener una conciencia constante en cada respiración es lo que se conoce como practicar la meditación en la vida diaria.
Las siguientes historias y pautas han sido recopiladas de sus enseñanzas para servir como una guía amigable para que todos descubran que podemos construir el poder de la concentración, crear una felicidad duradera y desarrollar la sabiduría para resolver los diversos problemas de nuestra vida, sin importar dónde estemos o qué estemos haciendo.
Comencemos.
Capítulo 1: Concentración en cada paso de la vida
Muchas personas pueden haber oído historias sobre el poder de la concentración para mejorar el aprendizaje y el rendimiento en el trabajo, pero aún se preguntan cómo se puede lograr. Cuando la vida diaria está tan llena de agitación, ¿dónde se puede encontrar tiempo para la Práctica del Dhamma (dhammacariyā)? Ajahn Phuth una vez contó la historia de un estudiante que sirve como un excelente ejemplo en este asunto.
Había un joven estudiante preparándose para sus exámenes de ingreso a la universidad. Intentaba estudiar con ahínco, pero sentía que su cerebro no asimilaba la información; no podía retener nada del material. Cuanto más lo intentaba, más se estresaba, hasta el punto de casi rendirse. Un día, tuvo la oportunidad de presentar sus respetos a Luang Por y le contó su problema. El maestro le aconsejó con amabilidad: "Cuando vayas a la universidad, también debes practicar la concentración".
Al principio, el estudiante no entendió. Desde su perspectiva, practicar la concentración significaba detener todo lo demás para sentarse quieto con los ojos cerrados. Por lo tanto, veía el estudio y la meditación como dos actividades completamente separadas que competirían por su valioso tiempo. El estudiante incluso discutió con el maestro, diciendo: "Si tengo que meditar mientras estudio, ¿cómo voy a poder aprender, Luang Por?".
La duda del joven estudiante refleja la imagen que la mayoría de la gente tiene de la meditación. Por ello, Luang Por explicó más a fondo: Cuando entres al aula y el profesor comience a hablar, establece tu Mente (citta) en un estado de autoconciencia. No prestes atención a nada más que a la voz del profesor. Deja que tu atención plena se centre únicamente en los gestos del profesor y en el contenido que está enseñando. No envíes tu mente a otra parte. Deja que tus ojos observen al profesor; presta tu atención al profesor. Verás que entenderás la materia completamente. Al hacer esto, el conocimiento y las materias académicas que el profesor imparte serán absorbidos gradualmente por tu propia mente.
El maestro proporcionó detalles interesantes sobre este método, afirmando que estudiar es en sí mismo una práctica del Dhamma. Todos los campos del conocimiento que estudiamos hoy en día son cosas que podemos percibir con la mente. Sin embargo, los estados mentales dentro de nuestra mente a menudo nos hacen estar distraídos, porque a veces el material que estamos memorizando no se alinea con nuestros deseos, lo que lleva al aburrimiento. Por lo tanto, cuando entrenamos nuestra Atención Plena y Clara Comprensión (sati-sampajañña) para estar completamente presentes mientras estudiamos, estaremos intensamente enfocados en nuestros estudios en ese momento. Esto también es la práctica de la concentración.
Cuando el profesor entre al aula, dirige toda tu conciencia y tu mirada únicamente hacia el profesor. No dejes que tu mente divague a otros lugares. Mantén la atención plena en cada gesto y acción del profesor en cada momento. Cualquier cosa que el profesor diga, toma nota del sonido y las palabras en tu conciencia. Cuando el profesor escriba algo para que lo veas, enfoca tu atención plena y tus ojos en lo que se muestra. Al principio, practicar esto puede requerir algo de esfuerzo, pero a medida que continúes y te vuelvas hábil, la concentración surgirá por sí sola. Una vez que la concentración se establece, tu memoria mejorará. Tus facultades mentales estarán preparadas para recordar cada frase que diga el profesor. Cuando llegue el momento de un examen, al leer una pregunta, tu mente se aquietará por un momento y la respuesta surgirá por sí sola para que la escribas.
El estudiante siguió el consejo de Luang Por y lo aplicó con seriedad. Comenzó a practicar el establecimiento de la atención plena en el aula. De ser alguien que había estado distraído y propenso a pensamientos dispersos, se volvió más enfocado en el momento presente. Los resultados fueron asombrosos. De sentir que su mente estaba embotada, descubrió que podía entender y recordar el material con facilidad. Este cambio no solo ocurrió en el aula, sino que afectó toda su vida. De ser alguien que pensaba que nunca podría terminar sus estudios, se convirtió en un estudiante que sobresalía, con la concentración y la Sabiduría (paññā) para apoyar su propio progreso educativo.
Esta increíble historia nos muestra que practicar la meditación en la vida diaria no es nada difícil. La clave reside en mantener la atención plena en lo que estás haciendo en el presente. Cuando estés trabajando, deja que tu atención plena esté con el trabajo. Cuando converses, deja que tu atención plena esté en escuchar y hablar. Cuando camines, sé consciente de cada paso. Practicar así de manera constante le da a la mente fuerza y estabilidad, evitando que se distraiga fácilmente con asuntos externos.
Ajahn Phuth comparó la práctica de la atención plena en la vida diaria con ejercitar el cuerpo en cada Postura Corporal (iriyāpatha). No siempre tenemos que sentarnos en meditación formal con los ojos cerrados. Simplemente tener la atención plena supervisando cada una de nuestras acciones, en cada respiración, significa que estamos practicando la meditación en todo momento. Cuando hacemos de esto un hábito, la concentración no será un obstáculo para nuestro trabajo, sino que se convertirá en una fuerza que promueve el progreso en todos los aspectos de la vida. Y cuando entendemos esto, descubrimos que podemos practicar el Dhamma en cualquier momento y en cualquier lugar.
Capítulo 2: La meditación según el Buddha, el camino medio de la vida
Al hablar de meditación, muchas personas tienden a imaginar la imagen de estar sentado con las piernas cruzadas y los ojos cerrados durante largos períodos, una imagen que parece muy alejada del estilo de vida de la persona promedio. Pero, en realidad, las enseñanzas del Buddha abren un camino de práctica mucho más simple y natural, algo que Ajahn Phuth siempre enfatizó, llamándolo "la meditación según el Buddha".
La meditación en esta forma no se limita a una sola postura, sino que consiste en establecer la conciencia de los acontecimientos de la vida diaria como un factor principal. Es la práctica de tener atención plena y clara comprensión del momento presente, sin importar lo que estemos haciendo. El Buddha no nos enseñó a ir a sentarnos a meditar de la manera en que comúnmente se enseña hoy en día. Se puede practicar la concentración de acuerdo con sus principios sin necesidad de tener Preceptos (sīla), pero para un budista, la meditación debe estar fundamentada en los preceptos.
La afirmación de que "la meditación se puede practicar sin necesidad de tener preceptos" se refiere a las prácticas de concentración en disciplinas no budistas, como las de las ciencias ocultas, donde el practicante tiene como objetivo alcanzar ciertos poderes, como habilidades sobrenaturales. Este tipo de concentración es simplemente el enfoque de la mente en un solo objeto hasta que se vuelve unidireccional para generar poder mental, pero no tiene como objetivo purificar las Contaminaciones Mentales (kilesa) ni alcanzar la liberación del sufrimiento. Por lo tanto, se puede practicar sin depender de los Cinco Preceptos (pañcasīla) como base. En el budismo, este tipo de concentración puede clasificarse como Concentración Errónea (micchā-samādhi) si ese poder se utiliza de una manera que daña a uno mismo o a otros.
Pero para la "meditación budista", o Concentración Correcta (sammā-samādhi), el objetivo final es la purificación y la liberación de las contaminaciones mentales y el sufrimiento. Por lo tanto, los preceptos son una virtud fundamental absolutamente esencial. Ajahn Phuth explicó que los preceptos son como ajustar el cuerpo, el habla y la mente a un estado de normalidad. Cuando nuestro cuerpo y habla son normales a través de la observancia de los preceptos, especialmente los Cinco Preceptos, que son los preceptos básicos para un Laico (gihi), la mente puede encontrar más fácilmente la paz en medio de la agitación. Tener preceptos puros es, por lo tanto, como preparar la tierra antes de plantar el árbol de la concentración y la sabiduría. Esto es evidente en historias de la época del Buddha, donde muchos discípulos laicos (upāsaka) y discípulas laicas (upāsikā), como Anāthapiṇḍika y Visākhā, eran cabezas de familia que mantenían los Cinco Preceptos con pureza y los usaban como base para su práctica hasta que pudieron alcanzar el nivel de un Entrado en la Corriente (sotāpanna). Esto sirve como confirmación de que en el camino budista, los preceptos y la concentración son inseparables.
El corazón de la meditación según el Buddha es tener atención plena con clara conciencia en cada postura, ya sea de pie, caminando, sentado, acostado, comiendo, bebiendo, haciendo, hablando o incluso pensando. Al entrenarse para mantener esta conciencia constante, sin importar cómo uno se mueva, la atención plena cumplirá su deber en cada momento mental. Cuando tenemos atención plena en el presente, la mente se vuelve naturalmente estable y concentrada. Esta es una forma universal de concentración, no algo específico del hogar o del templo, ni es exclusivo de personas de una religión en particular. Es un asunto para todo ser humano.
Este tipo de práctica se llama Homenaje a través de la Práctica (paṭipatti-pūjā). Es rendir homenaje al Buddha cultivando la atención plena en todo momento. Cuando somos conscientes y estamos atentos, ya sea que estemos de pie, caminando, sentados o acostados, estamos con el Buddha, porque estamos atentos en todo momento. El Buddha es el que sabe. Cuando tenemos atención plena, nuestra mente se convierte en la que sabe. Cuando la mente es la que sabe, el Buddha está justo ahí, en nuestra mente.
Por lo tanto, la práctica del Dhamma no se trata de escapar del mundo, sino de aprender a vivir en el mundo con atención plena y sabiduría. Practicar la atención plena en la vida diaria de esta manera no será un obstáculo para el trabajo; por el contrario, ayudará a mejorar la eficiencia tanto del trabajo como de la vida en general. Porque cuando la mente está empoderada por la concentración, surge una calma fresca, junto con bondad y compasión por los demás seres humanos. Los diversos problemas que solían perturbar la mente pueden resolverse a través de la sabiduría que nace de esa concentración. Este es el camino de práctica que el Buddha descubrió y nos legó, un camino medio que todos pueden adaptar para su propio beneficio y felicidad en la vida.
Capítulo 3: Posturas de paz, para aquellos que sienten dolor al sentarse
Muchos de los que están interesados en la práctica del Dhamma pueden haberse sentido desanimados cuando, al intentar sentarse a meditar, se enfrentan a dolores y molestias físicas, lo que les lleva a pensar que carecen de la fortuna para alcanzar la paz. La historia de una mujer que fue a discutir el Dhamma con Ajahn Phuth puede servir de aliento e iluminar el camino para muchos.
Una empresaria de Bangkok viajó para presentar sus respetos a Ajahn Phuth y le dijo: "Luang Por, quiero practicar la meditación, pero simplemente no puedo sentarme. Todo son dolores y molestias". El maestro respondió con amabilidad: "No tienes que sentarte. Practica estar atenta mientras estás de pie, caminas, te sientas, te acuestas, comes, bebes, haces, hablas y piensas". Le aconsejó que simplemente mantuviera la conciencia de cada una de sus acciones en la vida diaria.
La mujer recibió este consejo y regresó para ponerlo en práctica. Ya no intentó forzarse a sentarse en meditación y torturar su cuerpo, sino que centró su atención en estar atenta en cada momento. Cuando estaba trabajando, sabía que estaba trabajando. Cuando estaba pensando, sabía que estaba pensando. Su mente estaba enfocada en el momento presente, utilizando la naturaleza de la mente misma como campo de entrenamiento.
Surge una pregunta interesante: ¿Qué significa 'saber que se está trabajando' y 'saber que se está pensando', y cómo practicamos este saber? 'Saber que se está trabajando' es enfocar completamente nuestra mente en lo que estamos haciendo en el momento presente. Por ejemplo, si estamos lavando los platos, dirigimos toda nuestra atención al acto de lavar los platos, sintiendo el contacto del agua con las manos, la suavidad del jabón, el leve sonido de los platos chocando entre sí, o incluso el movimiento de nuestras propias manos. Esto es utilizar el 'trabajo' que estamos realizando como un objeto de meditación (kammaṭṭhānārammaṇa), un punto de anclaje para la mente, un recordatorio para mantener la atención plena. Cuando la mente tiene un objeto claro para conocer frente a ella, no se dispersará ni divagará en otros pensamientos. Esta es la práctica de la concentración en el acto mismo de trabajar, sin necesidad alguna de sentarse con los ojos cerrados.
En cuanto a "saber que se está pensando", este es un nivel de práctica más sutil. Ajahn Phuth enseñó que es la naturaleza de la mente estar constantemente pensando y fabricando. La práctica aquí no es tratar de dejar de pensar, sino "mantener una atención plena que sigue y conoce el pensamiento". Esto significa que cuando surge cualquier pensamiento en la mente, nuestro trabajo es ser conscientes: "Ah... ahora mismo, estoy pensando en esto". Una vez que lo sabemos, simplemente observamos ese pensamiento sin juzgarlo como bueno o malo y, lo que es más importante, sin perdernos en elaborar esa historia. Dejamos que el pensamiento surja, exista y luego cese según su propia naturaleza. Una vez que ese pensamiento ha pasado, devolvemos nuestra conciencia a la acción que tenemos entre manos.
A medida que practicaba la atención plena en cada postura de manera consistente, la concentración fue surgiendo gradualmente por sí sola. Finalmente, su mente pareció desprenderse de su cuerpo, y al mirar hacia atrás vio su propio cuerpo como un simple esqueleto. El maestro explicó que no estaba sentada en meditación ni contemplando nada intencionadamente; la visión surgió de forma natural debido a la conciencia atenta de la mente. Cuando uno hace un gran esfuerzo, la mente puede concentrarse por sí sola. Después de tener esta experiencia, cuando miraba su caótica carga de trabajo, ya no se sentía caótica junto con ella. Pudo resolver varios problemas con facilidad, porque una mente que ha visto la verdad del mundo puede, naturalmente, soltar y renunciar a sus apegos.
Esta historia confirma la enseñanza de Ajahn Phuth de que la meditación no tiene por qué comenzar con la postura sentada. Para aquellos cuyos cuerpos no son propicios o que enfrentan obstáculos de dolores y molestias, podemos comenzar practicando la atención plena en otras posturas en las que nos sintamos cómodos, ya sea la meditación caminando o simplemente estando atentos mientras hacemos las tareas del hogar y otras rutinas diarias. Cuando entrenamos nuestra atención plena para que se vuelva fuerte y valiente, la mente se calmará y se concentrará por sí sola. Y cuando llegue ese momento, si hay un deseo de sentarse a meditar, nuestro cuerpo y mente estarán listos para apoyar la práctica en una postura sentada de forma natural, sin que el sufrimiento se convierta en un obstáculo. Este es un medio hábil que nos permite practicar el Dhamma bajo cualquier condición de la vida, sin necesidad de esperar a que todo sea perfecto antes de poder comenzar.
Capítulo 4: Meditar acostado, el verdadero descanso para cuerpo y mente
Al final de un largo día de trabajo, el cuerpo necesita descansar. Pero a menudo, incluso cuando nos acostamos y nuestro cuerpo está en reposo, nuestra mente permanece turbulenta, pensando en los acontecimientos del día, preocupándose por el mañana, lo que hace imposible caer en un sueño profundo. El sueño que obtenemos, por lo tanto, no es un descanso verdaderamente completo.
Una pregunta que muchas personas se hacen es si practicar la meditación mientras se está acostado antes de dormir puede considerarse meditación, ya que la mayoría de la gente tiende a quedarse dormida. Ajahn Phuth dio una respuesta interesante: practicar la meditación a la hora de acostarse, incluso si uno se duerme, todavía se considera meditación y es la mejor forma de descanso porque mejora la salud tanto física como mental. Meditar a la hora de acostarse ayuda a conciliar el sueño más rápido. Cuando el sueño llega rápidamente, uno se despierta con una mente alegre y el cuerpo también se sentirá renovado.
El método de meditar acostado que Ajahn Phuth recomendó es extremadamente simple y natural. Antes de dormir, acuéstese en una posición cómoda, ya sea boca arriba o sobre el lado derecho, como prefiera. Luego, deje ir todos los pensamientos y preocupaciones que se han acumulado a lo largo del día. No intente forzar a la mente a dejar de pensar; más bien, deje que los pensamientos sigan su curso natural.
Entonces, ¿cuál es la naturaleza del pensamiento y cómo se le deja seguir su curso natural?
La naturaleza del pensamiento es que la función de la mente es pensar y fabricar historias constantemente. Tratar de forzar a la mente a dejar de pensar es como intentar impedir que el viento sople: es imposible y solo creará más estrés. Uno debe observar los pensamientos de la misma manera que la empresaria de la historia anterior. Luego, guíe suavemente la mente de regreso a una herramienta que nos ayudará a relajarnos. A medida que el cuerpo y la mente comienzan a relajarse, podemos empezar a establecer la mente mediante el Desarrollo Mental (bhāvanā) con la repetición de la palabra "Buddho", o siendo conscientes de la inhalación y exhalación.
Para aquellos que nunca han practicado antes, el método es muy simple. Aquí hay un resumen del método que Ajahn Phuth recomendó:
El primer método es la repetición de "El Despierto" (Buddho). Simplemente piense en la palabra "Buddho" en su mente de una manera relajada. Puede sincronizarlo con su respiración, como pensar "Bud" en la inhalación y "dho" en la exhalación. Algunos pueden encontrar más natural simplemente repetir "Buddho, Buddho, Buddho" continuamente, sin vincularlo a la respiración. Lo importante es hacerlo de manera constante y suave, sin tensión ni expectativas. Simplemente use la palabra "Buddho" como un amigo que permanece con su mente. Cuando la mente se desvíe para pensar en otra cosa, tan pronto como se dé cuenta, tráigala suavemente de vuelta a "Buddho" nuevamente.
Otro método es ser consciente de la respiración. Este método implica llevar toda su conciencia al flujo natural de entrada y salida de la respiración. Sienta el suave toque del aire en la punta de la nariz. Cuando la respiración entra, sepa que está entrando. Cuando la respiración sale, sepa que está saliendo. Simplemente sábelo, eso es todo. No hay necesidad de tratar de controlar la respiración para que sea corta o larga, tosca o fina. Deje que el cuerpo respire normalmente. Nuestro único trabajo es seguir siendo conscientes de la respiración. Cada vez que la mente se desvíe para pensar en otra cosa, al darse cuenta, devuelva la conciencia a la respiración en la punta de la nariz nuevamente.
Alternativamente, para aquellos que desean un ancla más refinada, se pueden hacer ambas cosas simultáneamente. Mientras se siente la respiración pasando hacia adentro y hacia afuera en la punta de la nariz, también se puede repetir suavemente la palabra "Buddho" internamente. Estar atento tanto a la respiración como a la recitación al mismo tiempo puede ayudar a la mente a mantenerse más enfocada en el presente.
Haga esto de manera relajada, sin esfuerzo ni la expectativa de que la mente deba calmarse de inmediato. Mientras repite el mantra, si siente una sensación de somnolencia, no se alarme ni intente combatirla. El maestro enseñó que esta somnolencia es una señal de que la mente está comenzando a calmarse. Deje que suceda de forma natural. Si la mente se va a dormir, déjela dormir. Quedarse dormido mientras la mente está con la recitación resultará en un sueño profundo y reparador. Al despertar, se sentirá renovado y vigorizado como nunca antes.
A veces, cuando la mente se vuelve somnolienta, puede que no se duerma de inmediato, sino que experimentará una sensación de "hundimiento", y la mente se aquietará. Entonces, un brillo radiante surgirá en su interior. En este estado, la recitación de "Buddho" que estaba haciendo puede desaparecer por sí sola. Si es así, no intente traerla de vuelta. Simplemente permanezca consciente de ese estado quieto y brillante. Si la respiración se vuelve evidente para su conciencia, entonces sea consciente de la respiración. Simplemente sábelo, sin fabricar ideas sobre si es corta o larga. La mente se volverá gradualmente más tranquila y refinada por sí sola.
La clave para meditar acostado es no forzar la mente. Si la mente se calma o no, si se duerme o no, no es tan importante como el esfuerzo por mantener la atención plena con un objeto de meditación antes de dormir. Hacer esto a menudo acostumbrará a la mente a descansar pacíficamente. Incluso en el sueño, la mente continúa descansando en concentración. Cuando nos despertemos por la mañana, no nos despertaremos con fatiga, sino con una mente clara y brillante, llena de energía para enfrentar el nuevo día.
Ajahn Phuth una vez habló de su propia experiencia, que a veces cuando hacía desarrollo mental en una postura acostada, no sentía que había dormido, pero por la mañana, sentía que su cuerpo estaba completamente descansado. Esto se debe a que, aunque el cuerpo no durmió, la mente descansó en concentración, durante la cual el cuerpo se siente ligero y la mente está ligera. Este es un descanso más refinado y energizante que el sueño ordinario.
Por lo tanto, meditar acostado es una técnica sabia para las personas en la era moderna, que nos ayuda a lograr un descanso completo tanto para el cuerpo como para la mente. Transforma el tiempo ordinario antes de dormir en un período increíblemente valioso de práctica del Dhamma.
Capítulo 5: Buddho, un compañero constante
Para aquellos que comienzan la práctica de la meditación, encontrar un ancla para la mente es crucial. Por su naturaleza, nuestra mente tiende a pensar y dispersarse incansablemente en diversos temas. Los maestros de antaño nos legaron una técnica simple pero poderosa: la repetición de la palabra "Buddho".
Ajahn Phuth explicó claramente el significado de "Buddho": significa el que sabe, el que está despierto, el que es bienaventurado. Cuando traemos la palabra "Buddho" a la mente, es como si estuviéramos invitando las virtudes del Buddha a nuestros corazones, haciendo que nuestra propia mente se vuelva despierta, consciente y bienaventurada.
El método de recitación no es nada complicado. El maestro recomendó que simplemente mantengamos la palabra 'Buddho' en nuestra mente de forma continua. Podemos sincronizarla con la respiración, por ejemplo, pensando 'Bud' al inhalar y 'dho' al exhalar, o simplemente repetir 'Buddho, Buddho, Buddho' sin relacionarlo con la respiración. Lo fundamental es practicar de manera continua y constante, sin importar la postura en la que nos encontremos —de pie, caminando, sentados o acostados—, podemos recitar 'Buddho' mentalmente en todo momento.
Pero surge una pregunta: ¿repetir "Buddho" todo el tiempo interfiere con la vida diaria? Ajahn Phuth dio un principio claro: la recitación de "Buddho" es adecuada para momentos en que no estamos usando nuestros pensamientos para otros asuntos. Dio un ejemplo vívido: supongamos que estamos conduciendo un coche. Si estamos tan concentrados en recitar "Buddho" que la mente se calma y se queda solo con "Buddho", sin prestar atención a la conducción, podría ocurrir un accidente. Por lo tanto, el principio correcto de la práctica es: cuando estamos haciendo un trabajo que requiere pensamiento o atención, ponemos nuestra atención plena en ese trabajo. Cuando estamos hablando, ponemos la atención plena en las palabras. Cuando conducimos, ponemos la atención plena en la conducción. En cuanto a la recitación de "Buddho", debemos hacerla durante los momentos que están libres de pensamiento, como al caminar o descansar. Cuando nuestra mente no tiene otra tarea, la recitación de "Buddho" sirve como un ancla para la mente, evitando que se disperse en asuntos inútiles.
Hay una historia sobre el estilo de enseñanza de Luang Pu Sao Kantasīlo, quien fue el maestro tanto de Ajahn Phuth como de Luang Pu Mun. En aquellos días, cuando la gente acudía a él para aprender el tema de meditación, a menudo les enseñaba de manera sucinta, simplemente diciendo: "Reciten Buddho". Cuando alguien preguntaba más sobre qué obtendrían al recitarlo o qué significaba Buddho, él respondía: "No preguntes", y luego los instaba a continuar recitando. Esta era una profunda estratagema de un maestro que quería que sus discípulos se involucraran en la práctica real en lugar de perderse en pensamientos y dudas, porque los resultados de la práctica son algo que uno debe conocer por sí mismo.
A medida que continuamos recitando "Buddho", la mente que solía divagar por varios objetos se irá reuniendo y asentando gradualmente en la recitación. Al principio, es normal perderse en otros pensamientos de vez en cuando. Nuestro trabajo es simplemente traer suavemente la mente de vuelta a "Buddho", sin frustrarnos ni culparnos.
Cuando la recitación continúa hasta el punto en que la mente comienza a calmarse, ocurre un cierto fenómeno: la palabra de repetición, "Buddho", desaparecerá por sí sola. En ese momento, la mente estará quieta, brillante y vacía de pensamientos fabricados. Cuando se alcanza este estado, Ajahn Phuth enseñó que no debemos tratar de traer de vuelta a "Buddho". Simplemente debemos permanecer conscientes de ese estado de la mente quieto y brillante. Esta es la mente verdaderamente en reposo. Está entrando en concentración de forma natural. La desaparición de "Buddho" no significa que estemos practicando incorrectamente; más bien, es una señal de que nuestra mente se ha calmado a un nivel más refinado que la propia recitación.
La recitación de "Buddho" es, por lo tanto, como usar un bastón en un viaje. Cuando podemos caminar de manera estable y segura por nuestra cuenta, podemos dejar el bastón a un lado. De la misma manera, cuando nuestra mente está firmemente establecida en la concentración, la palabra de repetición ya no es necesaria. "Buddho" es, por lo tanto, un buen amigo y una guía maravillosa para todo practicante, especialmente cuando debemos enfrentar la agitación de la vida diaria. Simplemente trayendo "Buddho" a la mente, nuestra mente siempre puede regresar al camino de la paz.
Capítulo 6: Cómo manejar los pensamientos y sentimientos cuando surgen
Un obstáculo significativo que todo practicante de meditación debe enfrentar es el flujo de pensamientos que surge incesantemente durante la práctica. Ya sean historias del pasado, preocupaciones sobre el futuro o diversos sentimientos que surgen en el presente, estos pensamientos tienden a alejar nuestra mente de la paz y a dejarnos con una sensación de desánimo.
Ajahn Phuth dio un principio vital para lidiar con estos pensamientos: "No intentes forzar los pensamientos". Intentar dejar de pensar es como intentar represar un río; cuanto más lo bloqueas, más presión se acumula. Luchar con los pensamientos solo hará que la mente se estrese y se agite más.
El camino que enseñó es ser meramente un "conocedor" o un "observador". Cuando surge cualquier pensamiento, nuestro único trabajo es simplemente conocerlo. Saber que estás pensando esto, saber que estás sintiendo esto, sin juzgar el pensamiento como bueno o malo, sin tratar de analizar su causa y, lo más importante, sin perderse y pensar junto con la historia.
Usó una analogía: deja que los pensamientos pasen como si estuvieras sentado en la orilla de un río viendo pasar las hojas, una por una. Simplemente las vemos venir y las vemos alejarse, sin saltar al agua para agarrarlas. Cuando hacemos esto con nuestros pensamientos, los pensamientos que surgen no tendrán poder para abrumar nuestra mente. Surgirán, existirán y luego cesarán según su propia naturaleza. Para dar otro ejemplo que lo aclare más: podemos mirar nuestro propio cuerpo y contemplar sus diversas partes por separado —cabello, vello corporal, uñas, dientes, piel— y observar qué parte es el verdadero "yo", qué parte es verdaderamente hermosa. Observar de esta manera sin juicio nos permitirá ver la realidad de que el cuerpo es simplemente una colección de elementos, no el yo cautivador que una vez pensamos que era. Observar los pensamientos utiliza el mismo principio: observar sin aferrarse a ellos como si fueran nuestros.
Al principio, seguir y conocer nuestros pensamientos puede no ser continuo. Podríamos perdernos en ellos de vez en cuando. Cuando nos demos cuenta de esto, traeremos suavemente la mente de vuelta a su base, ya sea la respiración o la repetición de "Buddho". Practicar este seguimiento y conocimiento de los pensamientos con frecuencia fortalecerá nuestra atención plena.
Cuando la atención plena tiene fuerza, la mente comenzará a ver una cierta verdad: los pensamientos no son nuestro yo. La razón por la que la atención plena nos permite ver esta verdad es que cuando es lo suficientemente fuerte como para permitirnos ser un "observador" que puede observar los pensamientos continuamente, comenzaremos a ver un fenómeno por nosotros mismos. Veremos los pensamientos surgir y cesar por sí solos, sin nuestro mandato o control. Un pensamiento agradable aparece por sí solo; un pensamiento triste aparece por sí solo, y luego desaparecen. Ver este proceso de surgimiento y cese de los pensamientos una y otra vez es lo que da lugar a la sabiduría, o la comprensión de que "esto no soy yo, esto no es mío". Porque si fuera verdaderamente nuestro, deberíamos poder ordenarle: "Piensa solo pensamientos buenos, no pienses pensamientos malos". Pero en realidad, no podemos hacer eso.
Ajahn Phuth describió este estado: cuando la atención plena es fuerte, la mente se separará. La mente que conoce existirá como una parte, separada de la parte que sale a pensar y fabricar. Es como tener dos mentes en una persona. Esta clara visión de que el "conocedor" está separado de lo "conocido" (es decir, el pensamiento) es la experiencia directa que pone fin a toda duda de que los pensamientos no son nuestro yo. Somos meramente el que conoce y ve los pensamientos. Cuando la sabiduría ve esto, la mente comenzará a aflojar su agarre y apego a los pensamientos, y el sufrimiento que surge de las fabricaciones de la mente disminuirá.
Ajahn Phuth enfatizó que esta práctica se puede realizar en todo momento en la vida diaria. Mientras trabajas, cuando otro pensamiento se entromete, simplemente conócelo y luego regresa al trabajo en cuestión. Mientras conversas, cuando surge un sentimiento de ira o disgusto, conoce ese sentimiento antes de actuar en consecuencia. Esta atención plena constante a los pensamientos y sentimientos es el corazón de la Meditación de Visión Clara (vipassanā-kammaṭṭhāna) en la práctica.
Por lo tanto, cuando surja cualquier pensamiento o estrés durante el día, no intentes suprimirlo o alejarlo. Simplemente permítete reconocer su existencia con una mente neutral. Solo obsérvalo, y gradualmente se aflojará y desaparecerá por sí solo. Este es el verdadero camino del desapego, que traerá una paz y una ligereza asombrosas a nuestros corazones.
Conclusión: La luz interior
De todas las enseñanzas de Ajahn Phuthh Thaniyo, podemos ver que practicar el Dhamma o meditar no es algo separado de la vida en absoluto. Más bien, es uno y lo mismo con cada una de nuestras inhalaciones y exhalaciones. Es la práctica de volver a conocer nuestro propio cuerpo y mente tal como son en realidad.
La meditación no es solo sentarse con los ojos cerrados; es tener una atención plena y completa en cada acción. Podemos practicar la meditación mientras estudiamos, mientras trabajamos, o incluso mientras nos acostamos a descansar. Mientras tengamos la intención de ser conscientes en el momento presente, sin dejar que la mente se desvíe demasiado hacia el pasado o el futuro, eso es práctica del Dhamma.
Diversas técnicas, como la repetición de "Buddho" o la conciencia de la respiración, son meramente herramientas para apoyar a la mente al principio, para dar un ancla a la mente errante. Cuando la mente comienza a calmarse y a estabilizarse, podemos dejar esas herramientas y usar la atención plena y la sabiduría para contemplar directamente los estados que surgen en nuestro cuerpo y mente.
Cuando surge un pensamiento, simplemente conócelo a tiempo, sin apropiarte de él ni luchar contra él. Cuando aparecen diversos sentimientos, simplemente reconócelos con un corazón neutral, observándolos surgir y cesar. Practicar de esta manera nos llevará a comprender gradualmente la ley natural de que todas las cosas son Impermanencia (anicca), Insatisfacción (dukkha) y No-ser (anattā).
Los resultados de practicar la meditación en la vida diaria no se limitan a momentos temporales de paz. Hará que nuestras mentes sean poderosas, fuertes y estables. Nos llevará a tener más bondad hacia nosotros mismos y hacia los demás. Y lo más importante, dará lugar a la sabiduría que puede resolver problemas y permitirnos vivir en este mundo con felicidad y sin sufrimiento.
Que estas enseñanzas compiladas sean como una pequeña luz que ayude a guiarte en el viaje de regreso a tu interior, para descubrir la verdadera paz y felicidad que ya existen en el corazón de cada persona.