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Luang Pu Mun Bhuridatto
Luang Pu Mun Bhuridatto BIOGRAFÍA

Cómo Practicar Bhāvanā (Cultivo Mental) Para Alcanzar El Dharma

Fecha de publicación: March 11, 2026
Esta afirmación es una valiosa perspectiva de Luang Pu Mun Bhuridatto que guía a los meditadores fuera de un callejón sin salida. Muchas veces, comenzamos con buenas intenciones, pero terminamos rindiéndonos ante el dolor físico y los pensamientos caóticos... y concluimos que quizás no somos aptos para este camino.

Introducción

"La sensación (Vedanā)... no es el enemigo de la meditación (Bhāvanā), sino la herramienta maestra para entrenar la mente (Citta).".

Bienvenidos a The Abandoned Forest Temple...
un espacio sereno donde las enseñanzas inmortales de los maestros de la Tradición del Bosque de Tailandia se comparten con el mundo en inglés y español.

Esta afirmación es una valiosa perspectiva de Luang Pu Mun Bhuridatto que guía a los meditadores fuera de un callejón sin salida. Muchas veces, comenzamos con buenas intenciones, pero terminamos rindiéndonos ante el dolor físico y los pensamientos caóticos... y concluimos que quizás no somos aptos para este camino.

Luang Pu Mun señaló un camino que transforma los obstáculos en oportunidades. Él enseñó que... todo el sufrimiento no surge del dolor (Dukkha)... sino de nuestra identificación (Upādāna) con ser 'el que sufre'. Este discurso del Dhamma, por lo tanto, no se trata solo de enseñar a 'soportar'... sino que es una invitación a dar un paso atrás y convertirnos en 'el que sabe', observando la verdad del cuerpo y la mente, para permitir que la mente pura se manifieste por sí misma.

Esta lectura es una compilación de las enseñanzas de Luang Pu Mun, adaptada para facilitar el acceso a la esencia del Dhamma.
Le invitamos a encontrar un momento de tranquilidad, a relajar su mente y a permitir que estas enseñanzas guíen su corazón.


Capítulo 1: Vedanā – La puerta a la sabiduría

Y el primer paso en el camino de convertirse en 'el que sabe' es enfrentar una de las pruebas más importantes que casi todos los practicantes de meditación (bhāvanā) encontrarán inevitablemente... y esa es la sensación (Vedanā)... que en este contexto se refiere a las sensaciones corporales (Kāya-Vedanā) que causan sufrimiento (Dukkha), especialmente el dolor (Dukkha-Vedanā), el entumecimiento o la fatiga que se intensifican con el tiempo de estar sentado en la misma postura (Irīyāpatha). Esta sensación es como el primer muro que parece bloquear al practicante de la calma. Es una prueba que separa a aquellos con verdadera determinación de los que se rinden prematuramente. Sin una comprensión correcta, la mente será dominada por sentimientos de resistencia, lucha y rechazo instintivo, dando lugar a una tormenta de pensamientos dispersos e irritantes que finalmente llevan a la conclusión más simple: "mi cuerpo no puede soportarlo" o "probablemente no tengo suficiente mérito para practicar", y así abandonan su intención.

Luang Pu Mun señaló que tal actitud es un grave malentendido. Estas sensaciones no son el enemigo de la meditación, sino una herramienta maestra para entrenar la mente. Si aprendemos a cambiar nuestra perspectiva y a utilizarlas sabiamente, el dolor que una vez fue un obstáculo se convertirá en una herramienta excelente para afilar la sabiduría (paññā). Él enseñó que cuando surge la sensación, no hay que rendirse apresuradamente al cuerpo. No dejes que la mente siga el flujo del hábito que nos ordena movernos para escapar de la incomodidad. En cambio, reúne tu coraje, establece la atención plena (sati) tan firme como una montaña y enfréntala directamente.

Aquí es donde la verdadera meditación comienza en su totalidad. En lugar de fabricar pensamientos como "me duele" o "siento un dolor terrible", lo cual implica fusionar nuestro "yo" con el dolor, debemos practicar la observación con sabiduría estratégica: "solo ha surgido un estado de dolor". Practica separar decididamente el estado del cuerpo (rūpa) del estado de la mente (nāma). Permite que la mente funcione simplemente como 'el que sabe' (Buddho) o un 'observador' tranquilo y neutral, observando cómo la sensación surge, permanece y, finalmente, manifiesta su impermanencia (Anicca) cambiando y cesando según la ley de las tres características de la existencia (Tilakkhaṇa).

Mientras observas, usa la sabiduría para contemplar profundamente este cuerpo. Reconoce que este cuerpo, al que nos aferramos como nuestro 'verdadero yo', no tiene esencia alguna. Dentro de este cuerpo envuelto en piel se encuentra, en realidad, una colección de cosas impuras (asubha), un conjunto de órganos destinados a deteriorarse con el tiempo. Intenta analizar los componentes de este cuerpo en sus cuatro elementos (dhātu) básicos:

El elemento tierra (Paṭhavī-Dhātu): Son las partes sólidas y compactas, como el cabello, el vello corporal, las uñas, los dientes, la piel, los huesos, los tendones y los diversos órganos internos que consideramos nuestros.

El elemento agua: Son las partes líquidas que impregnan el cuerpo, permitiendo que el elemento tierra se mantenga unido, como la sangre, la linfa, el pus, la saliva, el sudor y la orina.

El elemento aire: Son las partes gaseosas y móviles que permiten que el cuerpo se mantenga, como la inhalación y la exhalación, los gases en el abdomen y el aire que permite el movimiento.

El elemento fuego: Es la parte que proporciona calor y energía, evitando que el cuerpo se descomponga inmediatamente, como el calor corporal y la energía utilizada para la digestión.

Al contemplar esto una y otra vez, la mente gradualmente soltará su apego a la idea de que "este es nuestro cuerpo" y se moverá hacia la comprensión de que "esto es solo una reunión temporal de los cuatro elementos". Esta práctica es como ensayar la muerte todos los días. La mente se familiarizará con la realidad de la vida. Cuando llegue el momento final, una mente bien entrenada no entrará en pánico ni sentirá miedo, sino que será capaz de unificarse y soltar este cuerpo físico en paz, porque ya habrá comprendido que este cuerpo es solo algo que tomamos prestado temporalmente y que no podemos llevar con nosotros a la próxima existencia, ni siquiera un poco. Porque cuando la muerte está realmente cerca, la mente sabe muy bien que este cuerpo no puede ser llevado. En ese momento, no hay necesidad de sentarse a contemplar... ¿para qué contemplar, cuando la verdad está justo frente a ti?


Capítulo 2: Pañcaka-kammaṭṭhāna – La primera llave para desenraizar el engaño

Cuando la sabiduría ha comenzado a ver que este cuerpo no es verdaderamente nuestro, la siguiente pregunta es... ¿qué herramienta usaremos para arrancar de raíz este aferramiento?

En la enseñanza de los objetos de meditación (kammaṭṭhāna), una pregunta digna de reflexión es: ¿Por qué los maestros antiguos, comenzando por el Buda, siempre enseñaron primero el Pañcaka-kammaṭṭhāna, o los cinco objetos de meditación?
La respuesta revela la profunda sabiduría del Buda. Al considerar la cuestión, vio que todos los seres, ya sean humanos o animales, son esclavos del placer y el deleite en las formas visibles a través de los ojos. Este apego no surge directamente de la forma en sí, sino de la mente que la elabora y le da significado, basándose en cinco componentes fundamentales como su principal fuente... especialmente la 'piel', que es el primer punto de contacto para la vista.

Cuando el ojo ve el cuerpo de otra persona, la mente valora el color de la piel, ya sea blanca, amarilla o rosada. La mente continúa elaborando que es "hermoso" o "atractivo", y entonces surge el amor y la satisfacción. No solo nos apegamos a lo que el ojo ve, sino también al olor (gandha) que puede ser artificial, al sabor (rasa) que surge del contacto, al tacto físico (phoṭṭhabba) que es suave, y a la forma (saṇṭhāna) o proporciones. Todo esto es el mecanismo del engaño que la mente ha acumulado a través de incontables existencias.

El propósito de contemplar la verdad del cuerpo de esta manera es contrarrestar el temperamento de la codicia sensual (rāga). Y debe entenderse que las otras contaminaciones mentales (kilesa) también provienen de este temperamento. Se puede observar que las personas que sienten amor y afecto también tienen más ira... porque cuando las cosas no salen como deseamos, queremos que los demás nos complazcan, que cumplan con nuestros deseos. Pero cuando no obtenemos lo que queremos... la ira surge de este mismo amor.

En realidad, es solo una condición corporal, pero nos apegamos a ella porque no conocemos ni vemos la realidad tal como es. Si usáramos una analogía, sería como envolver un cadáver con una tela de hermosos diseños. Al mirarlo desde afuera, parece hermoso, pero por dentro es un cadáver, algo sucio e impuro.

Luang Pu Mun, por lo tanto, señaló la estrategia para romper este ciclo de engaño: debemos atacar su fuente más crucial, que es la "piel". Ofreció una estratagema: imagina que este cuerpo no tuviera la piel que lo envuelve, ¿qué veríamos? Veríamos capas de grasa, fascias, músculos rojos y una red de vasos sanguíneos. Sin la piel, ¿podrían surgir todavía los pensamientos de "hermoso" o "agradable"? La respuesta es "no". El deleite en la forma física no podría sostenerse.

Para demostrar el poder de esta práctica, se cuenta la historia de un monje anciano que había practicado expertamente la meditación sobre el cuerpo, especialmente la contemplación de los huesos (aṭṭhika-kammaṭṭhāna), hasta que la imagen quedó grabada en su mente. Un día, mientras caminaba, una joven que acababa de tener una fuerte discusión con su marido salió furiosa de su casa y se cruzó con él. Al ver que el monje la miraba y sonreía, se enfadó aún más. Pero lo que no sabía era que, en ese momento, la imagen que apareció en el ojo de la sabiduría del monje no era la de una mujer hermosa o enfadada, ¡sino la de un esqueleto en movimiento! Él sonrió no por burla, sino con la sonrisa de alguien que ve a través de la apariencia externa hasta la verdadera naturaleza de los fenómenos. Su mente estaba completamente libre de la elaboración de la apariencia externa.

Esta historia demuestra concretamente cómo la práctica seria puede transformar por completo nuestra percepción (saññā). Nos transforma de ser esclavos de lo que el ojo ve a ser el que sabe, el despierto, el bienaventurado, que ve las cosas tal como son. Este objeto de meditación es, por lo tanto, una base fundamental para la contemplación del cuerpo (kāyānupassanā-satipaṭṭhāna), que es el establecimiento de la atención plena para contemplar el cuerpo repetidamente. Cuando cultivamos mucho este objeto de meditación, sin importar la postura, la mente desarrollará gradualmente una sensación de desencanto (nibbidā) y desapasionamiento (virāga) hacia las formaciones (saṅkhāra) corporales de forma automática. Porque cuando la sabiduría ha visto que este cuerpo no es un ser, ni una persona, ni un yo, ni nosotros, ni ellos, ¿hasta dónde más nos engañaremos? ¿Hasta dónde más dejaremos que la lujuria se inflame?


Capítulo 3: La analogía de la consagración del Sīmā – El mapa del funcionamiento de la mente y la sabiduría

Y todo este proceso que conduce al desencanto y al desapasionamiento es el mapa de cómo la atención plena, la concentración y la sabiduría trabajan juntas. Para explicarnos este complejo panorama de una manera concreta, Luang Pu Mun nos ofreció una profunda analogía: la comparación del proceso de la meditación con el ritual llamado la consagración del Sīmā.

Es un ritual importante en la disciplina monástica para delimitar el área de una sala de ordenación para los actos formales de la comunidad monástica. Esta analogía muestra concretamente los pasos del funcionamiento de la atención plena, la concentración (samādhi) y la sabiduría.

Marcar los límites (Thak Nimitta): Antes de que se pueda consagrar el sīmā, se deben establecer claramente las "señales" (nimitta) o marcadores de límites en las ocho direcciones. En la práctica, nuestras "señales" son las seis puertas de los sentidos (dvāra) ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente, y los objetos mentales (ārammaṇa) que entran en contacto a través de esas puertas. La práctica en esta etapa consiste en usar la atención plena para ser consciente de todo lo que ocurre en estas seis puertas de la percepción, sin permitir que las contaminaciones mentales se infiltren y dominen la mente. Es como colocar guardias vigilantes en las puertas de una ciudad.

En una ocasión, el Buda señaló estas puertas —ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo, mente— y las comparó también con el acto de marcar los límites. Porque estas cosas son calientes, son la fuente del fuego de la avaricia, la aversión (dosa) y la ignorancia (moha). Cuando este fuego de las contaminaciones mentales se enciende, quema y causa todo tipo de sufrimiento, como el nacimiento, la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor físico, el dolor mental y la desesperación. Toda esta corriente de sufrimiento fluye de vuelta a una única causa principal... que es esta mente engañada.

El canto de proclamación (el marco de la sabiduría): En la ceremonia, cuatro monjes cantan para proclamar el sīmā en las cuatro direcciones. Estos cuatro monjes se asemejan a las Cuatro Nobles Verdades (ariyasacca), que es el marco de sabiduría que el practicante debe usar para examinar todos los fenómenos que surgen: sufrimiento, el origen del sufrimiento (samudaya), la cesación del sufrimiento (nirodha) y el sendero (magga).

El canto de anulación (el soltar): Si el área fue anteriormente un sīmā antiguo, primero debe ser anulado antes de que se pueda consagrar uno nuevo. Este paso es análogo a usar la sabiduría para desarraigar el aferramiento (upādāna) a objetos mentales antiguos o a percepciones erróneas a las que la mente se ha apegado y adherido.

Cortar las piedras de límite (el corte de las contaminaciones mentales): El paso final que marca la finalización exitosa de la ceremonia es cortar la cuerda que ata las piedras utilizadas como señales, dejándolas caer al suelo. Este es el momento más crucial. En la práctica, es análogo al momento en que el conocimiento y la visión (ñāṇadassana), o la sabiduría afilada que surge de una concentración estable, corta la corriente de la mente de los afluentes mentales (āsava) que han estado latentes en la disposición mental durante mucho tiempo. Una vez que las contaminaciones mentales son cortadas, la mente (Citta) alcanza el estado del sendero (Magga), el fruto (Phala) y el Nibbāna (Nibbāna), que es la cesación completa (Nirodha).


Capítulo 4: Concentración y Sabiduría

En el camino de la práctica, Luang Pu Mun observó con franqueza que si no podemos entrenar nuestra mente para alcanzar la concentración, debemos saber que nuestro progreso no es correcto, y es nuestra responsabilidad encontrar una manera de corregirlo. Una de las principales razones de esto es que muchos practicantes a menudo se quedan estancados en el malentendido de que el objetivo de la meditación es únicamente calmar la mente hasta un estado de concentración (samatha). Luang Pu Mun enfatizó firmemente que la concentración sin sabiduría (vipassanā) es una concentración incompleta. Porque aunque la concentración trae calma, solo la sabiduría puede cortar verdaderamente las contaminaciones mentales. Por lo tanto, estos dos componentes deben apoyarse mutuamente; uno no puede faltar sin el otro.

Para comprender profundamente la palabra "sabiduría" en el budismo, podemos dividir su desarrollo en tres niveles:

Sabiduría basada en el escuchar (sutamaya-paññā): Esta es la sabiduría que surge de escuchar, aprender de maestros o de textos. Es como recibir un mapa. Sabemos dónde está el destino y qué rutas existen, pero aún no hemos comenzado el viaje. El conocimiento a este nivel es solo memoria; todavía no puede usarse para resolver el sufrimiento en el corazón.

Sabiduría basada en la reflexión (cintāmaya-paññā): Esta es la sabiduría que surge de pensar y reflexionar sobre lo que se ha aprendido, utilizando la razón para analizar y sintetizar hasta que se alcanza una comprensión a nivel conceptual. Es como desplegar el mapa, planificar la ruta y comprender los símbolos. Este nivel de sabiduría nos ayuda a ver el camino y a disipar dudas, pero sigue siendo solo pensamiento; aún no puede cortar las contaminaciones mentales.

Sabiduría basada en el desarrollo mental (bhāvanāmaya-paññā): Esta es la sabiduría que surge de la práctica directa de la meditación. Es una comprensión que brota desde dentro de una mente calmada y estable, no del pensamiento, sino de "ver" los fenómenos tal como son. Es como emprender el viaje por el camino del mapa uno mismo, hasta llegar finalmente al destino. Esta es la sabiduría que puede cortar verdaderamente las contaminaciones mentales.

La práctica de la meditación es el proceso de elevar la sabiduría desde los niveles de sutta y cintā hasta el nivel de bhāvanā. Luang Pu Mun resumió la diferencia en la percepción que surge de estos dos niveles de sabiduría de manera incisiva: "La persona mundana (puthujjana) ve con el ojo de carne (maṃsa-cakkhu), pero la persona noble (ariya-puggala) ve con el ojo del Dhamma o el ojo de la sabiduría (dhamma-cakkhu o paññā-cakkhu)".

Esta frase señala que el problema no es lo que miramos, sino el "ojo" con el que miramos. El ojo de carne solo ve la superficie, creando así un sinfín de amor y odio. Pero el ojo de la sabiduría, abierto a través de la meditación, ve a través de la superficie hasta la verdad interior: la impermanencia, el sufrimiento y el no-yo, lo que conduce finalmente al desencanto y al desapasionamiento.

Sin embargo, en el proceso de dirigir la mente en la etapa de vipassanā, si la atención plena se debilita, la mente volverá a la calma mental, y las corrupciones de la visión clara (vipassanūpakkilesa), o las impurezas de la vipassanā, pueden infiltrarse en este punto. Si el practicante no reconoce claramente que la vipassanā ha vuelto a ser calma mental y pierde la atención plena en ese momento, la mente enviará una corriente para aferrarse a un objeto y permanecer disfrutándolo, lo cual es un obstáculo para el progreso. Pero si la atención plena es completa y se desarrollan aún más los cuatro senderos y los cuatro frutos, se puede alcanzar el Nibbāna.


Capítulo 5: Siguiendo los pasos del Iluminado – Un modelo de esfuerzo noble

Para servir como una luz que ilumina el corazón y como una gran fuente de aliento para los practicantes, Luang Pu Mun a menudo citaba la historia de la perseverancia del Buda la noche de su iluminación como un modelo a seguir.

Después de buscar el camino de la liberación a través de varios métodos y descubrir que no eran el camino correcto, finalmente descubrió la Vía Media (majjhimā-paṭipadā). Se sentó en la postura de loto bajo el árbol Bodhi para comenzar su práctica final con el método de la atención plena en la respiración (ānāpānasati), que es la atención al aire que entra y sale.

Lo que diferenció su esfuerzo en esa ocasión de los anteriores fue que hizo una firme y adamantina resolución (adhiṭṭhāna): "Mientras mi mente no se libere de los afluentes mentales, no me levantaré de este asiento, aunque mi sangre y mi carne se sequen por completo, dejando solo piel, tendones y huesos. Continuaré sentado aquí, esforzándome, hasta alcanzar mi meta".

Habiendo hecho esta resolución , comenzó a observar la inspiración y la espiración. Mientras meditaba , con el paso del tiempo, surgieron toda clase de sensaciones dolorosas (Dukkha-Vedanā). Sintió un dolor agudo y punzante por todo su cuerpo, como si estuviera siendo quemado por el fuego, con una sensación de ardor por todas partes. Esto se conoce como el Mara de los agregados (khandha-māra), que vino a interferir e impedir que su esfuerzo continuara. Pero con la resolución que había establecido, junto con la paciencia (khanti) y el coraje en su corazón, no vaciló. En cambio, usó su perseverancia para contemplar esa sensación hasta que la superó.

Porque cuando la mente está en calma, las sensaciones dolorosas cesan naturalmente. Cuando las sensaciones dolorosas son intensas, es porque la mente todavía está agitada. Cuando logró calmar la agitación en su mente, la calma surgió en su lugar, y la mente se sumergió profundamente en la absorción meditativa (jhāna).

Una vez que la mente estuvo firmemente establecida en la absorción meditativa, surgió el primer conocimiento superior: el conocimiento de la remembranza de vidas pasadas (pubbenivāsānussati-ñāṇa), que le permitió recordar sus existencias anteriores. Luego, continuando su contemplación, surgió el conocimiento del fallecimiento y el renacimiento de los seres (cutūpapāta-ñāṇa), que le permitió conocer la muerte y el nacimiento de todos los seres. Al ver que todos los seres, tanto humanos como celestiales, estaban atrapados en un ciclo interminable de muerte y renacimiento en varias existencias, contempló cuál era la causa de este ciclo. Y así, dirigió su investigación hacia su propia mente.

Al examinar su mente, vio que todas las contaminaciones mentales debían estar allí. Investigó y contempló hasta que alcanzó el elemento del conocimiento, purificando los afluentes mentales hasta su cese. Cuando la mente (Citta) alcanzó el elemento del conocimiento (Dhātu-ñāṇa), con un brillo y una claridad especiales, la ignorancia (Avijjā), la causa raíz de todas las contaminaciones mentales , fue completamente erradicada. Entonces surgió el conocimiento de la destrucción de los afluentes mentales, o āsavakkhaya-ñāṇa. Su mente regresó a un estado de puro y simple elemento de conocimiento, alcanzando la cualidad de pureza conocida como iluminación.


Capítulo 6: Desarraigando las contaminaciones mentales y alcanzando el Dhamma puro

En la conclusión de sus enseñanzas, Luang Pu Mun señaló el objetivo final y el método de práctica más directo. Aunque las contaminaciones mentales con las que debemos luchar parecen ser innumerables, ya sea la codicia, la ira, el engaño, la envidia, cuando investigamos su verdadera raíz con sabiduría (Paññā), descubrimos que todas ellas brotan de la misma fuente: el deseo sensual (Kāmacchanda), que significa el placer y el afecto por los cinco objetos de los sentidos (Kāmaguṇa), y cuya raíz es la ignorancia, la falta de conocimiento de la verdadera naturaleza de este cuerpo y mente.

También ofreció otra analogía fácil de entender: las contaminaciones mentales son como el "ajo". Cuando lo plantamos, usamos solo un diente, pero cuando crece en la tierra, se convierte en una cabeza grande compuesta por muchos dientes pequeños. Del mismo modo, las contaminaciones mentales surgen de una sola raíz: el "placer y deleite" que se encuentra en la mente. Pero a medida que crece, se ramifica en ira, codicia, engaño, envidia y muchas otras. Aunque tienen diferentes nombres y manifestaciones, todas provienen de la misma raíz y residen en la misma mente.

Por lo tanto, la práctica sabia no consiste en correr cortando ramas o arrancando dientes de ajo uno por uno, sino en arrancar toda la cabeza de ajo. El método es volver a la práctica más fundamental e importante: la contemplación del cuerpo. Especialmente, el desarrollo constante de la meditación sobre la impureza (asubha-kammaṭṭhāna) y la meditación sobre los elementos (dhātu-kammaṭṭhāna), hasta que la mente experimente desencanto, desapasionamiento y desarraigue por completo la creencia errónea en un yo (sakkāya-diṭṭhi) de que este cuerpo es nosotros o nuestro.

Esto es volverse hacia adentro: examinar y revisar constantemente nuestra propia mente. Debemos investigar y reflexionar sobre aquello a lo que estamos apegados, en lo que estamos engañados, en lo que estamos intoxicados. Cuando sabemos que estamos intoxicados con la forma física, volvemos a contemplar la forma física para conocerla y verla tal como es. Al examinarla de esta manera, el engaño y la intoxicación disminuirán por sí solos.

Cuando se destruye la identificación con el cuerpo, que es la base más importante del deseo sensual, la raíz de todas las contaminaciones mentales se corta. La mente, que una vez estuvo oscurecida por las nubes de las contaminaciones mentales, volverá a su estado original: brillante, puro y libre. Este estado se llama la mente purificada (visuddhi-citta) o el elemento de puro conocimiento. Es una mente libre de fabricaciones, sin apego, sin nacimiento, sin muerte. Es el estado de Nibbāna, el objetivo supremo de la práctica en el budismo.

La palabra 'bhāvanā' significa usar la sabiduría para dirigir nuestra mente. Al igual que el algodón o la borra, que son ligeros y necesitan algo que los cubra y los proteja para que el viento no se los lleve, nuestra mente también necesita ser controlada con la meditación, examinándola constantemente hasta que conozcamos al 'que sabe' que es puro elemento de conocimiento. Entonces, la ignorancia en la mente cesará, dejando solo el conocimiento.

Cuando contemplamos y reflexionamos al principio, es para calmar nuestra mente y desarrollar la concentración. Pero una vez que nuestra mente está en calma y se vuelve sutil, los diversos estados se manifestarán clara y verdaderamente por sí mismos. Este es el conocimiento y la visión que debemos seguir desarrollando a través de la vipassanā hasta el final. Cuando experimentamos desencanto y desilusión, debemos esforzarnos por encontrar tales estrategias de sabiduría para seguir investigando y contemplando.

El Nibbāna es el resultado de purificar la mente, pero también depende del mérito (kusala) y las buenas disposiciones acumuladas en el pasado como apoyo para que la práctica continúe hasta alcanzar el sendero y el fruto. La meditación es, por lo tanto, el acto de preparar nuestra diligencia y entrenarnos para volvernos hacia el camino de los nobles.

Y finalmente, para aquellos de nosotros que estamos en este viaje... las enseñanzas de Luang Pu Mun son como un mapa que compartimos, uno que guía a nuestras mentes para soltar gradualmente el apego y acercarnos a la verdad, paso a paso.
Volver a observar el cuerpo, entrenar la mente y usar la sabiduría: este es el mismo camino que los grandes maestros han recorrido antes que nosotros. Y aunque apenas estemos en el comienzo, siempre y cuando no nos rindamos ante las pequeñas dificultades del camino, un día seguramente veremos los resultados de nuestra perseverancia, tal como los tallos de arroz que crecen lentamente.
Que estas enseñanzas sirvan de aliento para que todos nosotros reflexionemos diligentemente y permanezcamos siempre en la verdad de nuestro propio cuerpo y mente.